
Bien, pues allá voy!. Me voy a lanzar en picado a la piscina y espero que sea benevolente conmigo. No quisiera tener que volver a reconstruirme ningún diente o peor aun, tener que implantarme una falsa dentadura para suplir los excesos de impulsividad y pasión que son tan habituales en mi hacer. Dicho esto, demos comienzo al escarnio literario.
Alguna vez te has parado a pensar ¿qué sentido tiene la vida?, ¿qué coño se supone que debemos a hacer?. En caso afirmativo, quiero felicitarte por estar entre los elegidos. En primer lugar, el que se cuestiona duda y el que duda es aquél que no ha aceptado del todo las respuestas que nos han ido inculcando. Es del todo cierto y de todos es conocido que la vida, el universo y todo en general, siguen con grandes preguntas revoloteando por entre las palabras que intentan retener su concepto.
Día tras día nos levantamos y realizamos nuestros quehaceres. Es así, porque todo el mundo lo cree así. Para muchos, este tipo de creencias actúan cual droga fluyendo por sus venas. Detrás de las creencias se establecen los cánones de lo correcto y lo incorrecto y todo ella queda sustentado por un ente etéreo omnipresente. Llamado opinión pública por unos, moral por otros, religión o creencia para el resto.
Cada mañana en el metro veo a la misma gente. Con el tiempo eres capaz de distinguir los pequeños rasgos y sutilezas que nos hacen a cada uno diferente. La tónica general es de melancolía. No nos olvidemos que nos dirigimos al trabajo y por lo general, el 75% de la gente ( creo que me he quedado corto) no llega a satisfacer gracias al trabajo el último estadio de la pirámide de maslow, referido a la autorrealización. Esa sensación que cubre a todo el vagón me empapa lastrándome.
Los peores pasos son los que se recorren desde la salida del metro hasta llegar a la oficina. Allí empieza un nuevo día y para hacerle frente, la máquina de café nos espera. Con los últimos síntomas del despertar, nos dirigimos a nuestra mesa y plantamos nuestro pequeño campamento. Por delante nada que no hayamos visto antes, nada que no sepamos, nada que no hubiéramos hecho previamente a este magnífico nuevo día de trabajo.
Dejando de lado las siguientes horas que derivan del alunizaje en nuestro puesto de trabajo, todos sabemos que hay detrás de ellas y por supuesto no merecen más palabras que dedicarle. No se trata de un recuerdo que merezca a ser estudiado en cámara lenta, detalle a detalle y de diferente ángulos... diciendo esto... me vienen cantidad de recuerdos que sí merecen la categoría de ser explicados con libros. Es normal, todos tenemos recuerdos de esa categoría en nuestra mente. Al fin y al cabo son ellos los que forjan el entramado de nuestra personalidad.
Dirigido al que haya tenido la paciencia de perder su valioso tiempo leyendo estas tonterías que me he atrevido a soltar: Todo esto lo he escrito porque quería saber si soy capaz de escribir. Sé que no tengo habilidades en la narrativa, pero de vez en cuando me gusta probar un poco. Te pido que seas benevolente con el autor, sólo quería pensar en voz alta.